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ALEXANDER GAVRYLYUK

DEBUT LATINOAMERICANO

 


Gavrylyuk

El ucraniano mostró dominio técnico y riqueza imaginativa



"...el anuncio de que la Sociedad Artística del Tecnológico de Toluca presentaría en la Sala Felipe Villanueva a Alexander Gavrylyuk (Kharkov, Ucrania, 1984), me llevó a la capital mexiquense para rendirme ante el talento de este joven, considerado una de las figuras más prometedoras del panorama pianístico internacional.

Gavrylyuk cuenta con varios premios importantes en su haber, como el ganado en 1997 en el Concurso Internacional Horowitz, de Kiev, y la Medalla de Oro del Arthur Rubinstein Internacional Piano Master Competition, celebrado en Tel Aviv en 2005.

Tres actuaciones marcaron su debut en México: el día 16, en Torreón, la Camerata de Coahuila le acompañó los Conciertos 21 y 23 de Mozart (1756-1791); posteriormente dio dos recitales, el de Toluca y otro más en Monterrey, con un programa distinto, el lunes 26.

El programa de Toluca no podía ser más variado y ambicioso: inició con la monumental transcripción realizada por Busoni (1866-1924) de la Toccata y fuga en re menor, BWV 565 de Bach, que sirvió para aquilatar cuán grandioso puede ser su volumen sonoro sin incurrir nunca en el trancazo, en tanto que en las otras dos obras tocadas en la primera parte hizo gala del sonido más cristalino y sutil, ideal para la Sonata en Re Mayor, K. 576 de Mozart, con la cual bordó una delicada filigrana que acaso evidenció un pequeño trastabilleo poco antes de la coda de su primer movimiento, entre los compases 118 y 122.

Lo mejor de la Sonata en La Mayor, Op. 120 de Schubert (1797-1828) que nos sirvió antes del intermedio fue, al igual que en Mozart, su segundo movimiento. Logró que el sonido flotara y no había nota sin intención individual ni puedo concebir un fraseo más natural; además, su exquisito cantabile hizo que olvidáramos que el piano es un instrumento de percusión.

La segunda parte permitió que saliera el "león ruso" que Gavrylyuk lleva dentro, ya que ahí sí, "se comió el piano". Por primera vez, escuchamos en nuestro país los 9 Etudes-Tableaux Op. 39 de Rachmaninoff (1873-1943) ¡y de qué manera! A la par de su dominio técnico, estuvo la madurez y riqueza imaginativa con que -salvo por algunas "dudas", notorias durante el n. 7, en do menor- nos llevó por esta rica galería de coloridas imágenes sonoras con que hechizó al público, mientras recreaba cada uno de los incisos de este avasallador cuaderno que replantea la técnica pianística, haciendo de ella más que un mero ejercicio mecánico, una acabada composición de la más alta factura, escuchada ahora en una inspiradísima interpretación.

A manera de sorbete, el Estudio en La Bemol, Op. 72 n. 11 de Moszkowsky (1854-1925) nos limpió el paladar para degustar debidamente la intrincada Islamey de Balakirev (1837-1910), en que fusionó aplomo, destreza y virtuosismo con la exultante sensualidad que precisa el Andantino espressivo inserto en el corazón de esta partitura.

Las ovaciones no se hicieron esperar y los encores, tampoco: tras un arreglo de la Vocalise, Op. 34 n. 14 de Rachmaninoff, echó toda la carne al asador con la pirotécnica versión de Horowitz (1903-1989) a la Marcha nupcial de Mendelssohn (1809-1847) transcrita por Liszt (1811-1886). Aquello fue la locura..."

Por: Lázaro Azar
Diario REFORMA, México