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Semana Musical Llao Llao (Octubre 25,2007)
 

Magia en una violinista

La francesa Virginie Robilliard se presentó en Bariloche 

BARILOCHE.- Una indisposición del pianista José Luis Juri provocó la modificación sustancial del programa que iba a ofrecer la violinista francesa Virginie Robilliard. Era imposible que sin haber llevado a cabo los últimos ensayos se pudiera ofrecer la valiosa Sonata Op. 13, para violín y piano, de Gabriel Fauré, que por su duración, dificultad y trascendencia musical, ocuparía íntegramente la primera parte del programa.

Esto ha de haber provocado zozobra en los organizadores. Sin embargo, gracias al temple de la artista que, dicho sea de paso, es nacida en Lyon, de familia de músicos y figura varias veces galardonada, se asistió a un concierto de muy alta calidad. Después de la jugosa presentación realizada por Julio Palacio, que a partir de ese momento reemplazó a Nelson Castro, comenzó a gestarse un verdadero acontecimiento artístico, porque se anunció que la obra de Fauré sería reemplazada por la Chaconne, de Johann Sebastian Bach, y por alguna otra sorpresa.

Cuando Virginie Robilliard hizo su aparición en el escenario se recibió un impacto estético verdaderamente reconfortante por la belleza, elegancia y aplomo de la concertista. Cuando atacó el tema de cuatro compases de la famosa y endemoniada obra de Bach, se escuchó un hermoso y subyugante sonido de violín que se fue prolongando a lo largo de una inolvidable demostración de musicalidad, dominio técnico del instrumento.

Bien se sabe que la Chaconne es una partitura que se presenta con una gravedad majestuosa al principio y que poco después aparecen las variaciones sobre el mismo tema, muchas de ellas en semicorcheas, en fusas y otras figuraciones como mordentes, trinos y demás adornos del Barroco, y así se va edificando una obra gigantesca que por momentos, gracias a los impresionantes arpegios y la aplicación sabia de Bach de recurrir a todas las posibilidades armónicas y contrapuntísticas del violín, hace que el delicado instrumento de asemeje por la riqueza de matices a una verdadera orquesta.

Asombro

La ovación fue unánime y a renglón seguido Robilliard, en perfecto castellano -evidencia de su residencia en la ciudad de Caracas-, anunció que agregaría dos Caprichos para violín de Nicoló Paganini. Ahí nació el asombro de todos los asistentes, porque de ese violín, de esa impecable escuela de arco y de esa maravillosa articulación surgió un virtuosismo deslumbrante, muy raro de escuchar en los recitales de los últimos tiempos. En la búsqueda de un paralelo nos resonó el nombre ilustre de Ruggiero Ricci en temporadas de otras generaciones en Buenos Aires.

A continuación, con el criterio de completar una primera parte en tiempo y forma, Virginie Robilliard, ahora con la colaboración de José Luis Juri en el piano, ofreció la famosa y difundida Introducción y rondó caprichoso, de Camille Saint-Saëns, que en realidad estaba programado para la segunda parte. Y el intervalo fue todo un interrogante.

Las explicaciones de Palacio, más ricas en datos y anécdotas, sirvieron para recuperar el tiempo de música perdido. Luego llegó, nuevamente, la calidad musical de Virginie Robilliard con las estupendas versiones de Poème , de Ernest Chausson, y de la difícil y sugerente Tzigane, de Maurice Ravel, donde brilló a gran altura su arte y su refinada personalidad.

Y en el cierre definitivo llegó el agregado obligado por la estruendosa ovación de Salut d´amour, de Edgard Elgar, una composición plácida, inspirada y hermosa que fue expresada por la gran artista con un refinamiento y una emoción francamente inolvidable. Es que ahí el virtuosismo estuvo centrado en el arte de la expresión y el matiz. Fue así como se asistió a la presentación de una de las grandes violinistas de nuestro tiempo, Virginie Robilliard.

[La violinista se presentará hoy, a las 20.30, en el Hotel Sofitel, Arroyo 841. Entrada: $ 90. Informes: 4131-0100.

Por Juan Carlos Montero
Para LA NACION