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La América de Luis de Pablo

CLÁSICA

Festival América España

Obras de Luis de Pablo. Intérpretes: P. Jurado (soprano). OCNE. Dir. del coro: M. Barrera. Dir. musical: G. I. Ramos. Lugar: Auditorio de Música. Madrid

ANDRÉS IBÁÑEZ

El Auditorio, medio vacío. Concierto final del Festival América España con un programa íntegramente dedicado a Luis de Pablo. Casi un espejo, para orquesta, debe su título a uno de esos juegos especulares y especulativos que tanto gustan a los compositores -ya que la música es, con mucho, el arte donde más se comenta y se explica el proceso creativo-. Se trata de una obra amplia, serena, donde la orquesta nos ofrece luminosas sonoridades, aunque la precisión del conjunto no sea siempre inmaculada. Gloria Isabel Ramos tiene un verdadero talento para la narración musical (con lo cual no queremos decir, cielos, que estas obras sean «narrativas» en el sentido tradicional) y para crear sensaciones de evolución, de expectativa, de llegada, de espera, de culminación, de descubrimiento. Posee además el don del color y de la caracterización, desde violencia hasta la efusión lírica. Cada sección de la obra parece encontrar, en sus manos, su mundo sonoro y emocional propio.

Las mismas cualidades volvemos a encontrarlas en la cantata «Antigua fe», para coro masculino, soprano coloratura y orquesta, que es, como la anterior, una obra reciente de esa alfaguara de la música que es Luis de Pablo. La soprano Pilar Jurado, con una impresionante presencia escénica, aparece disfrazada, al parecer, de Gundula Janowitz. Sus intervenciones en «Antigua fe» son quizá lo más memorable de esta noche, maravillosa la afinación, el fraseo, la agilidad, la belleza casi delirante de la voz, y sobre todo la musicalidad. Los intérpretes que son también compositores siempre tienen algo especial. También Gloria Isabel Ramos Triano es compositora.

«Antigua fe» se estrenó en el 92, año del quinto centenario, y se basa en textos mayas y aztecas. Las intervenciones del coro están aquejadas de una cierta monotonía o monocromía, sin duda intencionada por parte del compositor, pero todas las dudas se disipan en la última sección, «Elegía», donde la orquesta casi evoca sonoridades del arcaico Gagaku japonés y avanza hacia un final de elevado lirismo.