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UNA EXCEPCIONAL VIOLINISTA

José Mario Carrer

Orquesta Sinfónica de Salta. Director Titular Maestro Felipe Izcaray. Solista Virginie Robilliard (violín). Piotr Illich Chaikovsky (1840-1893): Sinfonia nº 6 en Si menor op. 74. "Patética". Camille Saint-Säens (1835-1921): Concierto nº 3 en Si menor para violín y orquesta op.61 e Introducción y Rondó Caprichoso para violín y orquesta op.28. Casa de la Cultura. Lunes 24 de abril de 2006. Para muchos instrumentistas, maestros, oyentes, gente vinculada a conservatorios y escuelas de renombre mundial, la mejor maestra de violín del mundo fue Dorothy DeLay (1917-2002). Por sus enseñanzas pasaron, segun cuenta Helen Epstein en su libro "Hablemos de Música", violinistas notables como Itzhak Perlman, los violinistas de los diez cuartetos de cuerda principales como el Juilliard, el de Tokio o el de Cleveland entre otros, directores jóvenes, violinistas como Cho Liang Lin, Nadia Salerno-Sonnenber o Midori. A todos convenció consolidar la técnica con ejercicios, estudios, escalas, cosas elementales pero tambien fundamentales. "Despues vendrá la música, pero sin ésto, ella nunca aparecerá" solia decir. Durante cinco años, alumna de esta fantástica mujer fue la francesa radicada por razones familiares en Caracas (Venezuela) que nos visitó en la noche del lunes: Virginie Robilliard. Se dedicó a Saint-Säens tocando su mejor concierto para violín, el tercero, dedicado a ese notable vilonista que fue el español Pablo Sarasate (1844-1908). Se trata de una página escrita por el compositor francés dedicada al citado intérprete con quien tenia una amistad profunda y a quien escuchó en no pocas sugerencias. Robilliard lo abordó con soltura, pasmosa seguridad, afinación impecable, agilidad y fraseo irreprochable. El inicio en la cuerda grave no es sencillo pues pide pasión, la pasión tan complicada de lograr cuando no se transitan los sonidos medios y agudos del instrumento. Virginie Robilliard en un derroche técnico paseó como si nada por dobles y triples cuerdas, por glisandos a gran velocidad hasta llegar a un final espectacular con el violín volando por encima de una orquesta mezzo forte e imponiendo el bello sonido de un Pressanda de 1839. Luego llegó el lirismo del segundo movimiento, con un fraseo, acentos y fiorituras dichas con tanta soltura como pocas veces tuve oportunidad de escuchar. El final fue apoteósico en el repetido floreo virtuosistico con una coda de apabullante velocidad que cuando menos deslumbra al oyente. La solista exhibe técnica es verdad, pero un talento que hace pensar "qué háce en Caracas cuando podría estar en los grandes escenarios del mundo". Pero bueno, son decisiones de vida que uno no solo no tiene el derecho a  discutir sino que ineludiblemente debe aceptar. Pero si hasta aqui la visita de esta notable dama del violín fue sencillamente sensacional, su "Introducción y Rondo Caprichoso" en mi modesta opinión no tiene nada que envidiar las grandes interpretaciones de los nombres consagrados. El autor, Camille Saint-Säens es francés, pero la página tiene un ánimo subyacente netamente ibérico. Estaba dedicada tambien a Pablo Sarasate, cuyo nombre real era Martín Melitón Sarasate y Navascues. Robilliard inicia con un "andante melancólico" para introducirse de a poco, primero en forma animada y luego de finalizada la introducción, en un "rondó" que en su linea melodica es todo un hallazgo. Solo se puede tocar con virtuosismo, característica que a Robilliard le sobra como lo mostró en la inusitada y apabullante velocidad de las frases finales.

Es la muestra de la libertad expresiva frente al oscurantismo, es la luminosidad sonora basada en la potencia estética de la solista. Es la frase precisa, exacta y aqui pienso que es oportuno señalar con orgullo local la forma en que el maestro Izcaray preparó la orquesta para que se produzca una formidable interacción en donde cada golpe, cada matiz en el dialogo solista-orquesta,

 


 despierte la sensación que han tocado juntos toda la vida. Al final volveré sobre la solista visitante. El incio del concierto fue la última de las sinfonias del ruso Chaicovsky. La número 6, la "patética" como la bautizó tiempo despues de su estreno, el hermano del autor con éste ya muerto. La orquesta bajo la misma batuta ya la había interpretado y magníficamente bien en el año 2003. La obra mezcla en distintos momentos, ternura, alegría, júbilo casi desmedido y sobre el final una tristeza desoladora. Chaicovsky habla con ella de su vida. De sus principales momentos y de su angustia final pues moriría dias después de su estreno. El inicio fue frio, dubitativo e inseguro, hasta con pequeños desajustes entre las zonas de la orquesta. El asunto parecia no hallar, a pesar del esfuerzo del maestro, una solución adecuada. Sin embargo luego de esos primeros treinta compases problemáticos, de pronto todo parecio acomodarse. Y a partir de alli me encontré con una muy buena producción sobre todo en los pasajes exultantes. Me pregunté entonces ¿La Sexta de Chaicovsky es una obra para iniciar un concierto, para poner en dedo a la orquesta? De inmediato me respondí "que no" pero la decision estaba tomada y por lo que vino después, por lo que sucedió luego con esa monumental violinista, el cambio de programa se justificó totalmente. El primer movimiento encontró el calor y el color propuesto por el autor, el vals sonó elegante pero con un dejo de amargura, la complicación del "scherzo", a toda orquesta, fué lúcido y lucido, valga el juego de palabras. Tal vez  el "adagio lamentoso" del cuarto movimiento pudo haber sido mas desesperado aún, no obstante tuvo el carácter buscado, ésto es la infinita tristeza de un hombre que habia perdido la oportunidad de ser feliz. Izcaray, como ya dije en otras oportunidades, es una batuta que deja respirar a la orquesta. Cada músico, cada sección siente libertad creadora y ésto quedó en evidencia en los diálogos que tuvo la solista visitante con distintos integrantes de la orquesta. Esta está a punto de cumplir cinco años de vida desde su creación y es digno señalar su inocultable progreso de la mano del maestro titular. Sola es una garantia de buena actuación y acompañando a solistas, es lo suficientemente dúctil como para acomodar su sonido al servicio de las particularidades de cada uno de ellos y ésto es mérito sobrado de Felipe Izcaray. En el concierto que comento en estas lineas, Virginie Robilliard debe haberse sentido extremadamente cómoda. Dije que volvia sobre la solista visitante. Fue ovacionada. Merecidamente aplaudida por un público cada vez mas exigente. Entonces, con su personal dulzura, anunció  un primer bis: una página de Paganini y su virtuosismo. Tambien dijo de su repeto por el folclore de los lugares ue visita y entonces,  junto a Izcaray (ejecutando ese instrumento denominado "cuatro") y el contrabajo de Izcaray (hijo), festejaron la llegada de un nuevo cumpleaños del reconocido director en una página venezolana denominada "El Cruzao". Hubieron tres temas más con la compañía del buen guitarrista local Salvador Rueda. "El Choclo", tradicional tango argentino, una chacarera del Cuchi Leguizamón "Corazonando" y el mejor de los bises, una particular visión de esa maravilla musical tambien del Cuchi Leguizamón, la zamba "La Pomeña". Todo ésto, como si Virginie Robilliard fuera una salteña más.

VIRGINIE ROBILLIARD