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Dúo Terwey

Ovaciones de pie para una interpretación de clase mundial


El 7º concierto de esta temporada presentó un evento musical especial, que educadamente no puedo dejar de alabar. Las hermanas Berenice Christin Terwey (violín) y Philomela Eva Terwey (piano) ofrecieron un programa interesante y exigente.

No es ningún secreto que la mejor manera de tocar bien a Debussy es simplemente leer la partitura y hacer lo que Debussy dice. Las hermanas Terwey lo hicieron. Con una mezcla de suprema delicadeza, y una maravillosa inventiva e inspiración, realizaron la última sonata de violín de Debussy en sol menor a la perfección.

La sonata nº 1 de Brahms en sol mayor mostró un ensayo rico y sublime de exquisita belleza y sentimiento. Terwey aportó a esta música un lirismo desprovisto de sentimentalismo. Cada frase que fue ejecutada fluyó suavemente, mientras que no faltaron grandes momentos dramáticos. La interpretación puede estar más cerca de la propia pulcritud de Brahms, que el estilo actual de proyectar música íntima de cámara a grandes salas de conciertos, que no existían en tiempos de Brahms.

Después del intervalo, la desgarbada sonata en re menor de Schumann, que está llena de problemas interpretativos y pianísticos, permitió a la pareja demostrar de nuevo su mundo emocional sin vínculos, al igual que su telepatía artística cuando comunicaron sus líneas individuales y colectivas. En esa obra, Schumann es, por turnos, lleno, macizo, rústico, fragmentario, melodioso, profundo y sensible y se tiene poco tiempo de adaptarse a cada estado de ánimo, ya que se exigen cambios momentáneos de énfasis. La ejecución de hoy fue inmaculada, en un total control, la pareja de hermanas deseaba cumplir lo suyo.

La audiencia no dijo nada hasta que explosionó en un aplauso al final de la sonata.

Después de emocionantes ovaciones de pie, las jóvenes intérpretes se despidieron con dos piezas, una vivaz Danza húngara de Brahms y una atmosférica ?Caprice viennois? de Fritz Kreisler.
Mitteldeutsche Zeitung, 2008

"Estruendosa ovación por un concierto de nivel mundial" Westfälische Nachrichten

"Messiaen - ? enorme expresividad?  tensión que casi amenaza con explotar y se percibe corporalmente. Impresionante".
FLZ, A. Merklein, 2007

La violinista Berenice Christin Terwey y su hermana Philomela Eva Terwey (piano) fascinaron al público tanto como a los informantes. Al inicio de esta temporada visitaron entre otros el Festival Semana Musical Llao Llao de Argentina. Los mayores periódicos argentinos, como La Nación, escribieron que a este singular dúo lo caracteriza "una rara unidad espiritual, el esplendor de un cromatismo auditivo y unas dimensiones de sonido delicadamente ajustadas, una técnica de primera clase, profunda expresividad". "Alcanzaron con su recital uno de los puntos culminantes del festival" y provocaron unas "gigantescas ovaciones y el entusiasmo del público". "?una velada espléndida e inolvidable?"

Con motivo del debut en Las Semanas musicales internacionales de Lucerna y en el Palaú de la Música de Valencia tanto el Luzerne Zeitung como Las Provincias les profetizaron "un gran futuro". FAZ por su parte denominó su recital de "una estética de obra artística integral increíblemente perfecta".

"Con una seguridad rayana en el sonambulismo interpretaron a compositores de tres siglos. De este modo a cada una de las época se le confería su propio retrato, a cada obra su propia e inconfundible impronta. ...alcanzaron con fantasía una creativa expresividad personal" (Nürnberger Nachrichten).

Para Dietrich Wolf, del Dresdner Neuesten Nachrichten, es como si Claude Debussy hubiera dedicado su sotana en re menor "personalmente a la singular aparición de la joven Terwey con su brillante interpretación".

Sus recitales, que ya la han llevado a lo largo y ancho del globo muestran un singularísimo talento y convencen a los espectadores sin ningún lugar a dudas de que se encuentra entre las más prometedoras e interesantes artistas.

Entre las estaciones por las que hasta ahora ha pasado su carrera cuentan prestigiosas instituciones como la Laeiszhalle de Hamburgo, la Tonhalle de Zurich, el Concertgebouw de Amsterdam, el De Doelen de Rotterdam, la Tonhalle de Dusseldorf, St. John's Smith Square de Londres, el Großes Festspielhaus de Salzburgo, Las Musikfestwochen de Lucerna, el Festival Semana Musical Llao Llao de Argentina, el Festival Sommets Musicaux de Gstaad, los Int. Schlossfestspiele de Weilburgo, el Festival Mährischer Herbst, el Janacek Theater de Brno, el Gewandhaus de Leipzig, la Filarmónica de Munich, la Academia de Música de Budapest, el Teatro Ghione de Roma, el Palau de la Musica de Valencia, el Teatro Arias Pérez de Colsubsidio de Bogotá, el Concertgebouw de Haarlem y otros muchos.

 

Berenice Christin Terwey estudió violín en la clase de maestros de Davina van Wely, una discípula de Georges Enescu, en el Conservatorio Sweelinck de Amsterdam. Philomela Eva Terwey estudió en la clase de maestros de Homero Francesch en Zurich y con Dame Moura Lympany. Recibieron otros impulsos artísticos de Paul Badura-Skoda e Yvonne Loriod-Messiaen, en París.

 

Berenice Christin Terwey toca un instrumento de A. Stradivari (1698) que le ha sido puesto a disposición de por vida por un mecenas.

 

?Con sensibilidad y fuerza expresiva -
Las hermanas crean una interpretación con precisión perfecta?

Ansbach. Las jóvenes intérpretes brillan pocas veces gracias a una perfección técnica que es lo que ponen de manifiesto en un primer plano. No es este el caso del Dúo Terwey, que pudo escucharse la velada del sábado en la Onoldiasaal con motivo de la serie "El podio de los artistas jóvenes". El dúo impresionó con su fina y acompasada interpretación de música de cámara.

Las hermanas Terwey se acompasan idealmente entre sí con una música, a un nivel en el que se encuentran una frente a otra, en condiciones de absoluta igualdad, es decir, con una tremenda precisión y sincronismo. La armonía misma fue el denominador común tanto de su bien conformado programa como la interpretación de éste.
 
Comenzaron con la sonata de Mozart de un modo delicado, con ligereza y moderación. ?En el "Andante grazioso" se tejieron las partituras del piano y violín en una lograda unidad, tanto desde el punto de vista de la articulación, como de la estructura de las frases musicales.
 
El sofisticado mundo sonoro y su diversidad de timbre caracterizaron la interpretación de la Sonata opus 78 de Brahms, compuesta a la memoria de su ahijado, que falleció poco antes de haber escrito la partitura. Un mundo entre certidumbre e incertidumbre, entre pálida luz y deslumbrante claridad expresado en el modo tonal de la lírica elegía con su remansada pena. En el tercer movimiento, del cual forma parte "La canción de la lluvia" (basada en el poema de Klaus Groth), lograron las hermanas Terwey con rara belleza un equilibrio entre la fidelidad al detalle y la fluidez de la música.
Alegre y jocoso

Tras la pausa siguió la Sonata en sol mayor de Beethoven. De una forma absorbente y con fascinante vigor  las hermanas Berenice Christin y Philomela Eva Terwey trajeron a la vida el primer movimiento. Mientras que en el segundo movimiento se estimulaban una a otra, como si se tratara de un canto vocal, superando una a la otra, una y otra vez. En el movimiento final se precipitaron en un torrente de gran vivacidad, tocando de una forma juguetona. Alegre, divertida.

Para terminar el Dúo Terwey secuestró al público llevándolo a un mundo musical completamente diferente: el del joven Olivier Messiaen, El "Thème et variations". El tema se desdibuja más y más hasta llegar a enajenarse. Finalmente va en aumento la enorme fuerza expresiva del dúo hasta que amenaza explotar de un modo corporalmente perceptible. Impersonate.


Främkische Landeszeitung, Anke Merklein, Avril 2007

 

?? las hermanas Terwey tienen todo: un talento musical muy alto, una técnica brillante un tono homogéneo y maravilloso que asemeja la voz humana, por encima de todo ese sentido de estilo con el cual presentan el carácter de tres siglos (Mozart, Brahms, Ravel y Messiaen), y eltemperamento de músicos excepcionales? Un magnífico éxito y una experiencia al escucharlas no fácil de olvidar.?
Dresdner Neueste Nachrichten 2006

 

OBRA ARTISTICA INTEGRAL -
Frankfurter Allgemeine Zeitung 2005

Berenice Christin y Philomela Eva Terwey
Las hermanas Berenice y Philomela Terwey
ofrecieron una impresión estética admirablemente
perfecta, lo cual se ha debido no solamente a una belleza casi escultural y los exactos movimientos
garbosos contemplar en el escenario, sino también sobre todo a la música de un muy alto nivel.

La más entusiastica de entre sus interpretaciones de sonatas, de Robert Schumann, Maurice Ravel y César Franck, importantes obras de los siglos XIX y XX, fue la  Sonata de Ravel: Con una claridad casi cristalina desarrollaron las intérpretes las líneas de los motivos semejando una labor de filigrana y dieron a los sonidos de Ravel una fluorescente y espléndida sustancia.

Frankfurter Allgemeine Zeitung

 

Hermanas celestiales
Berenice Christin Terwey y Philomena Eva Terwey

Weilburg.

Cuando el domingo por la mañana aparecieron en el escenario de la Obere Orangerie las hermanas Berenice Christin Terwey (violín) y Philomena Eva Terwey (piano) irradiaban serenidad. Tres grandes sonatas de violín conformaban el programa del Décimo Séptimo Concierto del Palacio de Weilburg.

Tras las primeras notas de la Sonata N º 1 en la menor de Robert Schumann, el público percibió una fogosa y profunda pasión con que tocaban sus instrumentos tanto Berenice como Philomena Terwey. El excelente dominio técnico de que ambas instrumentistas disponían, se dio la mano en una maravillosa simbiosis unida a una profunda comprensión de la armonía musical y una fascinante sensibilidad.

Mientras que Berenice acometió el profundo movimiento primero con una gran expresividad pasional y un emocionante vibrato, tocó con ligereza, casi levitando, el allegro. La comprensión rítmica y la perfección de la armonía entre ambas intérpretes eran impresionantes. El acompañamiento de Philomena Terwey fue intuitivo, natural, elegante y de enorme riqueza cromática. Especialmente el último movimiento, al que Schumann asignó la expresión ?lebhaft? (?vivamente?), fue interpretado de un modo magistralmente enérgico y con gran diversidad dinámica.

En la interpretación de la Sonata en sol mayor de Maurice Ravel, ambas hermanas mostraron una comprensión musical de la misma categoría, sobre todo gracias a la extraordinaria seguridad de entonación de Berenice y la dinámica fuerza de Philomena que destacaban especialmente la relación entre ambos instrumentos.

El auditorio gozó de la oportunidad de experimentar un gran talento pianístico con la interpretación de la sonata en La mayor de Cesar Frank. Philomena Terwey parafraseaba la obra con una maravillosa musicalidad. Especialmente los elementos prelúdicos fueron acometidos con un extraordinario sentido tanto de la dinámica como del fluido.

Sin dejar de tener en cuenta constantemente la gran arquitectura de la obra de Cesar Frank ambas hermanas se comunicaban de un modo tan notoriamente singular que podía sentirse como una intensa vivencia. Especialmente el tercer movimiento (?recitativo-fantasía?) permitió a ambas hermanas una oportunidad especial para dar rienda suelta a su expresividad y sensibilidad musicales. Las excepcionales intérpretes se despidieron del entusiasmado y emocionado público con un adagio de Wolfgang Amadeus Mozart.

" Weilburger Tageblatt"

Contrastes fascinantes

?? En la Sonata op. 30/3 de Ludwig van Beethoven, la interpretación fue perfecta: precisión en la técnica, dinámica en los movimientos primero y último, delicadeza en diálogo, lentitud bienhechora en el segundo movimiento, un ?Tempo di Minuetto' que hacía honor a su nombre y virtuosismo en el animado movimiento final. Philomela Terwey, hermana de la violinista, extrajo matices dramáticos del piano, mientras que Berenice Terwey modelaba las líneas de filigrana de su partitura manejando con maestría el arco y las cuerdas.

Las jóvenes exhibieron a continuación su temprana madurez ejecutando "Thème et Variations" de Olivier Messiaen. Con estilo sensible y brillante repletaron de vida un lenguaje musical caprichoso, dominando como cosa obvia las enormes dificultades que presenta esa composición. Fue fascinante admirar la diversidad de recursos con las que modelaron las distintas variaciones para configurar una unidad orgánica.

Por último, la popular sonata de César Franck, obra eufónica y leve cuya forma sonata constituye el marco exterior de una expresividad romántica y hasta premoderna que ambas hermanas interpretaron con entrega absoluta. Brillantes en la técnica y con una intuición infalible para grandes contextos, momentos enfáticos y elementos líricos, las intérpretes tocaron como lo que son: un dúo armonioso.

Los aplausos del público, en una ovación de pié, fueron debidamente recompensadas con dos bises, uno de Fritz Kreisler y otro de Modest Mussorgsky.

Westdeutsche Zeitung 2005

 

 

Picasso in Notes


Ovations for the Duo Terwey
Even their names sound like music from times gone by: Philomela Eva and Berenice Christin Terwey. Already with their entrance on stage, before the sold out city hall in Kehl on Friday, the two Terwey sisters fascinated with their elegance like two poppy blossoms in red. The two Germans of Korean birth enjoy growing adoration in the world of classical music, especially as a duo, but also as soloists.
The two artists provided a magnificent visiting card with Mozart?s Rondo in C major K. 373. Already here Berenice Christin Terwey impressed with her safe left hand and safe bow technique and the extensive dynamic spectrum and intensive sound quality, which she managed to lure from her Stradivari. Pianist Philomela Eva Terwey showed herself as an artist of breathtaking technique.
The will to interpret
The sonata no 2 in D minor, op. 121 by Robert Schumann, a heavyweight in the solo chamber music ? takes a special place. ? The Terwey-sisters unfurled this unsettling music before the audience with the greatest of devotion and concentration. Grand piano and violin entered into an intimate dialog and stood side by side in dominance, liveliness and animation, and convinced with technique and the will to interpret.
Picasso in notes
The program of the second part of the concert had been changed and was now opened with the lively "Suite italienne" by Igor Stravinsky, whose har­monic tones surely did not contribute to the Russian composer?s reputation as a "people shocker". The "Suite italienne", which launched Stravinsky?s decade-long neo-classical period, is often played pretty tamely. The duo transformed it into a surreal masquerade - a Picasso in notes. Their techni­cally brilliant account was intoxicating by its musical intensity. Rarely rare one can hear such harmony in two artists.
Technically brilliant
If the Terwey?s managed to convince with their stylish and technical quali­ties, they displayed their temperament in the "Gypsy Airs" op. 20 of the Spa­nish violin virtuoso Pablo de Sarasate with a thoroughbred-interpretation. The virtuosity of the solo parts challenges every violinist. Berenice Christin Terwey delivered the breakneck-speed passages, chords and effects of her solo with elegance and fluency - a virtuoso show-piece for the world-class soloists.
In the end the audience seemed to have forgotten time - but then reacted with thundering applause and bravo- calls.
Oscar Sala, Badische Presse, Culture, December 2008

Unforgettable afternoon with Terwey sisters.

Barchem: With Liszt?s nocture ?Consolation? arranged by Nathan Milstein, Terwey sisters thanked for the enthusiastic applause.

However, we did not need to be consoled, because the previous hours had been of such artistic high level. From the very beginning Terwey sisters lent Schumann?s sonata no 2 a romantic ardour, vigour in the the fast movements without sinking in extremes, deepness and purity in the third slow movement which Schumann composed like a Lied. We could not guess emotion by looking at their faces, emotion rather became audible in their brilliant playing.

Ravel?s bright and disharmonic sonata in G commenced with deli­cacy, wonderfully bright transparency and slenderness. Not without reason, Ravel took four years to write down his vision of sounds. Afterwards, we could fully enjoy the ?Blues? - American jazz à la française. Very melancholy. Excelling themselves in rhythmic and technical exactness, they whirled out the motoric Perpetuum mobile.

In Ravel?s well-known concert rhapsody Tzigane, the Stradivarius was brilliant. Originally, this composition has to be executed on a modified piano to be able to realize a special harpsichord-like sound.

After the brilliant opening violin cadenza with its gypsy elements, the sisters entered into a competition of virtuosity with each other which ended in a draw. Double stops, flageolet tones on the violin, glissandi on the keyboard - no problem. At no moment the desire for the more colorful orchestra version arose.

And in this way, the efforts and search of the committee Chamber Music Berkel for artistic quality were rewarded with a sold out con­cert hall and an unforgettable afternoon, a high point of their jubilee season.
De Stentor, 2008 (The Netherlands)

Terwey sisters - Glamorous of sound and appearance


? a fascinating concert in which we could compare and appreciate two double concerti of the two most skilled young composers in the history of music: Mozart and Mendelssohn?

The young soloists Berenice Christin Terwey (violin) and Philomela Eva Terwey (piano), glamorous of sound as well as of appearance, captivated above all through their rare spiritual union that verges on telepathy.

They performed Mozart?s double concerto, excellently reconstructed by Philip Wilby, with delicacy, tenderness and affection. Especially the slow movement was given a pleasant calmness and serenity. All in all a really elegant, filigree and ?cantabile? interpretation that left the audience longing for more.
Felix Mendelssohn-Bartholdy wrote at the delicate age of 14 his double concerto in D minor, a genuine masterpiece of blissfully naï­ve, untroubled nature. Terwey sisters gave this composition a poetic and scintillating lecture of refreshing flair and sublime beauty. Even the ghost of Mozart showed up in the slow movement which reflected once more the unassuming grace and the lyrical side of Terwey sisters? playing.

The orchestra joined them in a vivid account of the fast movements. Seemingly untroubled by any of the nice technical problems, Terwey sisters phrased with the greatest warmth and suppleness and brought out the pure fun as well as the dramatic primadonna-like moments.

The audience however was roused to ecstatic appreciation by the vigour they brought to this youthful work and insisted in an encore.
Westdeutsche Allgemeine Zeitung, 2008 (Germany)

 

Sensitive And Yet So Expressive
Sisters Create Perfect Musical Precision

Ansbach: It is not seldom that young talented musicians excel through their technical perfection, their dazzling expertise which they always endeavour to bring to the fore of their performance. But that is not the case when the Terwey duo is making the music. Once again, last Saturday evening attests to this when their music filled the Onoldia Hall as part of the series of performances entitled ?The Podium Of Young Artists.? Berenice Christin Terwey (violin) and Philomela Eva Terwey (piano) cast everyone under their spell by weaving a web of sensitive and delicate chamber music.

The sisters are completely in unison with one another and play with an immense amount of musical equality, precision and synchronization. A never-ending flow of harmony was also to be felt in the deliberate fashioning and interpreting of the demanding programme.

They brought Mozart?s sonata to their audience on light, delicate waves of sprightliness. ? The "Andante grazioso" revealed how the Terweys interwove the piano and violin by employing in their performance skilful phrasing and articulation. The result was a classic example of musical unity.

The duo?s playing of Brahms? sonata, Opus 78, was characterised by exquisite intonation and a treasure trove of distinctive sounds, a piece of music incidentally composed by Brahms in memory of his godchild who had died shortly before the composer wrote the score. The creation of a world caught between hesitation and certitude, a world hovering between blanched light and brilliant lucidity and borne by fundamental lyrical and yet mournful tones of a hushed sadness. During the third movement in which the ?Regenlied? or Rain Song (based on Klaus Groth?s poem) was to be heard, the Terwey sisters successfully and quite wonderfully created and then maintained the balance between detailed and intricate exactitude and a perpetual stream of tumultuously flowing sensations.

Vivacious And Frolicsome After the interval we were enthralled by Beethoven?s sonata in G Major. Gripping and invigorating was the manner in which Berenice Christin and Philomela Eva Terwey brought the first movement to life. And while they encouraged one another in the second movement ? as regards their vocal skills ? to outdo one another again and again, the final movement saw them plunging anew brightly and breezily into playful mode.

But for the finale, the Terwey Duo abducted their listeners into a completely different universe of sounds: the world of the young Olivier Messiaen. In ?Thème et Variations?, a subject is very gradually but ever-increasingly strangely metamorphosed. In the end the musical sister-duo stretches the tension with such amazing expressiveness that it threatens to tear and rip apart, dragging every soul present in its wake. The electricity was physically palpable. Overwhelming.
Fränkische Landeszeitung, Anke Merklein, April 2007

 

A SYNTHESIS OF THE ARTS-
Frankfurter Allgemeine Zeitung


Berenice Christin and Philomela Eva Terwey
The sisters Berenice and Philomela Terwey presented a stunningly perfect synthesis of the arts in the aesthetic sense. This was not merely a result of the precise coordination of their movements on stage, but above all of their outstanding performance.

Of their interpretations of sonatas by Robert Schumann, Maurice Ravel and César Franck, important works from the 19th and 20th century, it was Ravel's one that was especially inspiring. The two musicians played the delicate motifs with an almost crystal-clear brilliance and gave Ravel?s sounds a fluorescent and auratic substance.


Frankfurter Allgemeine Zeitung

Heavenly sisters

Berenice Christin and Philomela Eva Terwey

Weilburg. The two sisters, Berenice Christin Terwey (violin) and Philomela Eva Terwey (piano), radiated a wonderful sense of calm when they came onto the stage of the Obere Orangerie on Sunday morning. Three big violin sonatas were on the programme of the 17 th Weilburg castle concert.

However, after the initial tones of the a-Moll sonata no. 1 of Robert Schumann the listeners experienced a blazing passion in the performance of Berenice and Philomela Terwey, which came from deep down inside. The excellent technique, which both musicians have, entered into a wonderful symbiosis with the deep understanding of the musical connections and wonderful sensitivity. Whereas Berenice played the first composition dark, with great passionate expression and an emotionally moving vibrato, she succeeded in playing the allegretto light, almost floating. The rhythmic understanding and perfection of the combination were breathtaking. Philomela Terwey accompanied intuitively, almost as a matter of course and yet elegantly with an enormous wealth of colours. In particular, the last composition, which Schumann gave the expression "lively", was played with a master dynamism and with tempo. The two sisters also showed deepest musical understanding in the G-major sonatas of Maurice Ravel.

Above all, Berenice's excellent confidence in intonation and the dynamic tension of Philomela allowed the bitonal connections to particularly stand out. The listeners experienced great pianistic skills in the A-major sonata of César Franck. Philomela Terwey's phrases were wonderfully musical. She especially played the prelude elements with an excellent feeling for dynamic and flow.

Against the background of the extensive architecture of César Franck, it was possible to feel and experience the unique communication between the two sisters. In particular, the 3 rd composition ?Recitativo Fantasio? allowed the musicians a lot of leeway to express their feeling for the music. The two exceptional musicians bade farewell to the enthusiastic and very moved listeners with an adagio by Wolfgang Amadeus Mozart.

A Fascinating Air of Excitement and Expectation. The interpretation of Beethoven's sonata, op 30/3, was simply perfect: the technical delivery was precise, the motion of the first and last movements full of verve and vigour, the dialogue structure delicately fashioned, the second movement was taken at a pleasantly slow pace, tempo di minuetto had been taken seriously, and the virtuoso vivacity of the closing movement was extremely skilful. Philomela Eva Terwey, at the piano, bestowed very dramatic touches upon the work while Berenice Christin Terwey, using a masterly technique on the bow and for the chords, shaped and coloured the strokes of her part with fine and delicate nuances. It was then time for the two young musicians to demonstrate their all-embracing perfection with the performing of Olivier Messiaen's ?Thème et Variations.? With a never-ending amount of feeling and magnificent splendour, they brought this highly original and individual music to life in a most impressive way, while simultaneously mastering the enormous difficulties of the composition without so much as a blink of an eye. And it was fascinating to experience the umbrella of excitement and expectation under which they united the individual variations to form one complete work. The conclusion was César Franck's popular sonata, a wonderfully-sounding, tranquil piece of music, in which the sonata form provides the outward framework for romantic expression, and in parts also for early modernist touches. The sisters became totally immersed in their performance of this piece and seemed to even give their very souls to the music. Thanks to their technical brilliance and their sixth sense for far-reaching musical associations, elevations to continually greater heights and their feeling for lyricism, both musicians were able to present a musical programme of delightful harmony.

Resounding applause and standing ovations were duly rewarded with two encores of Kreisler and Mussorgsky.

Westdeutsche Zeitung 2005